Definitivamente Juan Manuel Santos hace lo que se le da la gana. Desconociendo el mandato popular del 2 de Octubre ha decidido acudir al Congreso para simular una nueva refrendación del Acuerdo firmado con la guerrilla de las Farc. A través de un procedimiento poco ortodoxo, buscan darle validez jurídica y política a un Acuerdo que implica profundas transformaciones a nuestro orden constitucional. Desafortunadamente el Gobierno ha decidido tomar este camino, a manera de atajo, haciendo insostenible el Acuerdo y generando más divisiones entre los colombianos.
Quien se atreva a hablar bien de Fidel Castro en un medio como el nuestro, corre el riesgo de resultar satanizado o por lo menos de ser mal interpretado por los exegetas o radicales de derecha, e inclusive por quienes son presa de emociones superficiales sin adentrarse en el fondo de las cosas y sin dar tregua al pensamiento crítico.
Sin embargo es posible equivocarse al querer diferenciar lo malo de lo bueno en personas tan controvertidas como el líder cubano, "Último del Socialismo Occidental en el Siglo XX" y a quien muchos aman mientras otros detestan.
Éste 30 de noviembre de 2016, el doctor Antonio Cacua Prada recibe en la Academia Colombiana de Historia el reconocimiento como Miembro Benemérito de esa Institución, el máximo honor que puede recibir un cultor de la historia, título que entre otros pocos, sólo se le ha concedido a Ramón C. Correa, Germán Arciniegas y Alberto Lleras.
Lo más difícil de esta nota, fue titularla, porque de la alegría y el optimismo con que recibimos la firma de un nuevo acuerdo de paz, el segundo en menos de dos meses, pasamos a la profunda preocupación después de escuchar el debate en el Senado de la república.
Solemos maravillarnos cuando nos adentramos en los mundos posibles del universo. Contemplar el cielo durante una noche despejada es un espectáculo no solo para los ojos del cuerpo, sino para las pupilas del alma. Nos fascinan las constelaciones, los cometas que pasan desafiantes, las estrellas fugaces en su trayectoria rutilante, los planetas cuando se alinean.
La cuarta ceremonia de firma del acuerdo final con las FARC, escenificada a puerta cerrada y en forma anodina, constituye fiel reflejo de la orfandad popular que rodea a ese documento. Y tenía que ser así, porque sus signatarios se concertaron para engalanarlo de artificios en vez de convertirlo en un gran pacto nacional que le confiriera la legitimidad que garantice su sostenibilidad e implementación.
Bogotá está más sucia que antes. Que cuando el entonces procurador intentó destituir al alcalde Petro con medidas de higiene pública. Hay más huecos y más descontento con Peñalosa, cuya incapacidad de gestión sorprende. Creíamos que haría de nuevo una buena alcaldía, nos defraudó. Su incuria administrativa sólo muestra actividad paranormal en beneficio de los urbanizadores que en su mayoría sufragaron su costosa campaña. Es una actividad antidemocrática disfrazada de tecnócrata.
La Federación Colombiana de Ganaderos, Fedegán, ha convocado al 35º Congreso Nacional de Ganaderos, los días 1º y 2 de diciembre en Barranquilla. Hace 53 años, en julio de 1963, el noveno Congreso, con el apoyo del entonces Banco Ganadero y de importantes personalidades, decidió la creación de Fedegán como una entidad gremial del orden nacional, que aglutinara a las organizaciones regionales para lograr mejor interlocución con el Estado y mayor representatividad en la defensa de los intereses y derechos de los ganaderos. ¡No nacimos ayer!
Ya se inició otra etapa de la vida nacional.
Después de los aplausos en el Colón, los funcionarios competentes del Gobierno se trasladaron al Congreso para hacer entrega del texto de lo acordado con las Farc, a fin de poner en marcha el proceso de “refrendación” e implementación de todo lo que acababa de firmarse.
Acto seguido, el país escuchó la rueda de prensa correspondiente y las explicaciones de dignatarios del parlamento colombiano, en la que dieron cuenta del impecable procedimiento que se surtirá en el Capitolio nacional.
El presidente Rafael Núñez, en agosto de 1885, decide construir el Teatro Cristóbal Colón. Por entonces, el país sufría las penurias de una guerra intestina y atroz, por lo que comenta que es positivo alejarse un tanto de la política y fomentar la cultura, el arte y el ingenio entre las gentes. El Colón debía ser un lugar neutral de sana diversión del público. Núñez era devoto del espectáculo teatral y escogió al arquitecto florentino Pietro Cantini para construir la obra, con el afamado personaje colaboran otros artistas italianos y colombianos.