El 12 de octubre de 1492, aconteció algo tan maravilloso, que nuestra historia no podrá nunca dejar pasar por alto. Dos mundos se reencontraron, dando nombre a todo un continente virgen, en el cual hacían vida antiguas civilizaciones, que seguramente habrían llegado desde Siberia por el estrecho de Bering.
Durante la crisis que estalló en 2008 con la quiebra de Lehman Brothers, se acuñó una frase que sirvió para definir el curso de las políticas económicas para recuperar a la economía mundial: todos somos keynesianos. Ante un escenario de una demanda enfriada, se espera que el Gobierno tome la decisión de expandir su gasto a fin de mover el consumo a través de inversiones públicas que permitan encadenar sectores productivos y generar empleos.
Vivimos el ocaso de una historia. No por la peste que nos agobia, aun que ella nos ha permitido sopesar las premisas de lo que se ha llamado “el progreso”, en el recuento de esa historia. Premisas que no son las de las ciencias ni de las técnicas, aunque de su prestigio se han servido los brujos del progreso para justificar un engranaje de codicia que destruyó al planeta en los tres últimos siglos, so capa del “progreso”.
Mas allá de toda justicia, decisión seria con fuertes fundamentos jurídicos, la Juez determinó conceder libertad al expresidente. Ahí está la profunda fe de Álvaro Uribe. En el fondo de su corazón sabía que Dios estaba con él y esto no era por providencia divina, sino porque todo aquel que pone su vida y sus actos en manos del Señor, El siempre lo escucha y acompaña.
No tomo partido en el caso del expresidente Álvaro Uribe. Como todas las personas, a la luz de la Constitución, goza de la presunción de inocencia, que solamente una sentencia judicial definitiva podrá desvirtuar.
Que quede claro, no solo a los colombianos sino también al mundo que observa lo que está pasando en Colombia, Naciones Unidas, Unión Europea, OEA, países garantes del Acuerdo de La Habana y a las diferentes Cortes Internacionales, que la actitud complaciente de la JEP hacia las Farc es, quizá, la razón por la cual ese acuerdo de “paz” está a punto de colapsar.
El pasado miércoles 7 de octubre, convocados por el tanque de acción Libertank, cerca de 80 mil colaboradores de más de 450 empresas salieron a expresar en una sola voz su apoyo a las generadoras de progreso y bienestar: las empresas privadas.
La lógica nos conduce a reconocer que pasada la pandemia por el coronavirus, con sus horas aciagas, amenaza permanente y el luctuoso dolor que debimos resistir, la situación del mundo se presentara un tanto complicada y Colombia no será la excepción a tan caótico escenario, pues las necesidades de toda índole golpearan las economías y ciudadanía en general, obligándonos a vivir una ley del rebusque, donde la delincuencia, si no estamos preparados, sacará la mejor tajada en el mencionado contexto, por tratarse de
La Academia Sueca, con sede en Estocolmo, confirió el Premio Nobel de Literatura 2020 a la poetisa estadounidense de setenta y siete años “por su inconfundible voz poética que con una belleza austera hace universal la existencia.”