Llevamos cerca de tres meses cumpliendo con las medidas de aislamiento adoptadas por el Gobierno. Inicialmente se ordenó un aislamiento general ante la llegada al país del Covid-19, fundamentalmente para frenar la propagación del virus y ganar tiempo para construir la infraestructura necesaria y conseguir los recursos fundamentales para afrontar la pandemia (ej. pruebas, reactivos, respiradores, entre otros).
La equitación es un deporte que exige, para un éxito, el adiestramiento de un animal, afortunadamente no racional, que integrado con su jinete realizan una actividad placentera para ellos dos y para los espectadores. Es una disciplina que a los caballos se les impacta física y mentalmente, trasmitiéndoles emociones que seducen y alegran al maestro y al discípulo. De ahí que se predique, con autoridad, que quién pretenda lograr esas metas debe aplicar procedimientos físicos y sicológicos.
Atacar o juzgar a una persona por un delito cometido por un familiar es algo verdaderamente vil. Nadie puede responder por las acciones de otros, por más cercanos que estos sean a uno. Eso es algo bien reconocido, no solo por la ley sino también el sentido común.
La semana que pasó debimos asistir a un capítulo bien interesante y extraño en el acontecer policial, un acto que dio para análisis y pronunciamientos de varios sectores, especialmente en los medios de comunicación, a quienes llamó vivamente la atención el comportamiento del patrullero Ángel Zúñiga, quién hacia parte de un operativo ordenado por autoridad competente, basado en un proceso judicial que lleva varios años en una zona aledaña al río Pance, sur de Cali.
Entiendo la preocupación del presidente Iván Duque ante la situación que vivimos por el Covid-19 y sus consecuencias de todo tipo, muchas de las medidas adoptadas han sido acertadas pero no podemos caer en otras faltas de sentido común.
Dentro de los asuntos que deberán estudiarse y, si fuere el caso, corregirse en el futuro, está el tamaño del estado, que ha crecido desde la reforma constitucional de 1991 y que hoy -sin contar los gastos del Covid-19- llega al 30% del PIB. Cada incremento del gasto gubernamental conlleva una reforma tributaria y a ello nos veremos abocados más temprano que tarde.
Se cumplen cinco años de la promulgación de la Encíclica Laudato Sí. Con esta Encíclica el papa Francisco le puso su impronta a su pontificado. Así como León XIII es recordado por la Encíclica Rerum Novarum de 1891, Juan XXIII por la Encíclica Pacem en terris de 1963 y Pablo VI por la Encíclica Populorum progresio en 1967, el Papa Francisco será recordado y valorado por su Encíclica Laudato si´, “sobre el cuidado de la Casa común” revelada el 24 de mayo de 2015.
En este momento ya habrán terminado su cuarentena los cincuenta suboficiales norteamericanos que llegaron al país.
Poco a poco ha ido quedando claro a qué han venido y de qué van a ocuparse durante los meses en que permanecerán por estos lares.
Pero, justo en este punto es en el que comenzaron todos los problemas y debates.
Sin duda, lo ideal hubiese sido que esa función pedagógica e informativa del Gobierno central hubiese sido pre y no pos.
La inveterada frase con la que aún en los momentos más infaustos la gente del espectáculo se da fuerzas para seguir adelante, parece tener que alterarse en estos momentos, dada la magnitud de la crisis que atraviesan las actividades culturales por la pandemia del Covid-19.
Recordar a Charles Weston es un motivo de gratitud inmensa con esta Casa Editorial, pero más allá porque le aprendimos aquello que llaman ser un verdadero líder como es hacer que las cosas pasen y persistir, con valor y valores, en el intento, más allá del protagonismo mismo.