Ojo a las olas de calor

* Aumentan temperaturas en el país

* Los efectos del cambio climático

 

 

El creciente impacto del fenómeno del Niño, los coletazos del avance de la temporada de huracanes en el Caribe, así como una oscilación meteorológica denominada “Madden and Julian” están provocando que las temperaturas en nuestro país por estos días sean muy altas, tanto en el norte del país como en las regiones Caribe, Pacífica, Andina y Amazonía.

En el caso de los huracanes, como “Idalia” que acaba de azotar Florida y otras regiones de la costa sudeste en Estados Unidos, dejando millonarias pérdidas materiales, es claro que este tipo de fenómenos se caracteriza por jalonar nubosidad en los alrededores de sus rutas de avance. Esto, en el caso de la parte norte de Colombia, lleva a que los días soleados sean más intensos y a que la sensación térmica aumente sustancialmente.

Si bien es cierto que estamos en época seca y que la segunda temporada invernal del año solo comenzará en octubre, es claro que las condiciones climáticas en el país se están tornando muy variables. Por ejemplo, en las últimas semanas se registraron lluvias de mediana intensidad en el centro del país mientras que en la zona del Caribe el verano intenso ha sido la nota predominante. En algunas zonas de esa región las temperaturas han estado por encima de los 36 e incluso 38 grados, lo que ha obligado a las autoridades locales a llamar a la población para que tome las precauciones del caso en cuanto a evitar la exposición por largo tiempo al sol, entre otras prevenciones.

Es muy importante que la población se informe sobre los cuidados que debe tener en medio de esta coyuntura climática. Aunque, afortunadamente, no se espera llegar a los límites de las drásticas canículas que afectaron recientemente a Europa y otras zonas del planeta, es claro que un “golpe de calor” o un cuadro de insolación puede traer muchas complicaciones a la salud, que pueden ir desde síntomas leves y pasajeros como dolores de cabeza, debilidad, confusión y náuseas, hasta coletazos más complicados como mareos y taquicardia.

Por otro lado, las alertas por el riesgo de incendios forestales siguen prendidas, ya que el marcado clima seco disminuye los niveles de humedad en la capa vegetal de los suelos y ello eleva el peligro de conflagraciones, como las ocurridas en los últimos dos meses.

Es evidente, por otra parte, que la profundización de la temporada seca afecta el nivel de los ríos y embalses, principales fuentes de aprovisionamiento de los acueductos, lo que obliga a tener bajo vigilancia los promedios de consumo de agua por parte de los hogares y la agroindustria.

Ya algunos gremios de sector rural han llamado al Gobierno a que redoble las medidas preventivas que se están implementando para evitar que las olas de calor impacten de manera sustancial los ciclos de las cosechas, llevando a una disminución de la oferta alimentaria en el remate de 2023, lo que seguramente configuraría un eje de presión adicional sobre la inflación, que se mantiene por encima del 11,7% en el cálculo anualizada.

Lo importante en todo caso es que más allá de los días calurosos de esta semana, no se puede perder de vista que el fenómeno del Niño sigue presente y los pronósticos meteorológicos señalan que apenas si está entrando en una de sus principales fases de maduración. De hecho, se extendería hasta el primer semestre del próximo año, en el mejor de los casos.

Como lo hemos reiterado en estas páginas, el cambio climático tiene efectos cada vez más lesivos en todo el mundo. La extensa ola de incendios en Hawái y Canadá es muestra de ello. En Grecia, por otro lado, se está registrando en estos momentos el que la Comisión Europea ha calificado como "el mayor incendio jamás registrado” en el viejo continente. Paralelo a ello ayer el “súper tifón” Saola se dirigía al sur de China y Hong Kong, en tanto la llegada de un debilitado huracán “Idalia” prendía alarmas en el estado estadounidense de Georgia. Todo ello en contraste con las torrenciales lluvias en Pakistán, India o Níger…

Si bien es cierto que cada país debe reforzar su estrategia para combatir el calentamiento global, no por ello debe caerse en la histeria apocalíptica que algunos gobiernos tratan de imponer como fórmula para justificar sus políticas y reformas radicales. Claramente, la humanidad se enfrenta a una grave amenaza, pero la implementación de los sistemas de desarrollo sostenible y de adaptación al cambio climático debe hacerse de forma objetiva, eficiente y estructural, no a los empujones ni menos a punta de saltos al vacío.