Guerra de mafias en Ecuador

* La crisis de orden público se agrava

* Impacto en la campaña presidencial

 

 

Las organizaciones narcotraficantes siguen extendiendo sus violentos tentáculos por los principales puertos del Ecuador, dejando un rastro de sangre y dolor en un país que está sufriendo una crisis de seguridad y orden público sin precedentes. Al magnicidio semanas atrás de un candidato presidencial, se suma que esta semana no solo hubo atentados con explosivos y carros-bomba en Quito, sino también un secuestro masivo de guardias en seis centros carcelarios. Una andanada violenta que no solo tiene a organizaciones locales detrás, sino a mafiosos mexicanos y colombianos, e incluso también a facciones criminales europeas, sobre todo albanesas, que se han ido asentado en ese territorio.

Según informes de las autoridades locales, los sanguinarios carteles de ‘Sinaloa’, ‘Jalisco’ y ‘Nueva Generación’, junto a la temible mafia de los balcanes están peleándose en Ecuador. Para ello se aliaron con bandas delincuenciales locales de alto espectro que, a la par de estar en pleno proceso de desdoblamiento, se alquilan para acciones de terrorismo, sicariato y extorsión, lo mismo que buscan controlar algunas zonas portuarias y dominar todo el universo criminal desde las prisiones. Esa mezcla de actores delincuenciales ha logrado penetrar en influyentes sectores políticos, al tiempo que capta algunos funcionarios y personal de aduanas para que protejan sus envíos de droga a Europa y otros continentes. Lo más complicado es que las mafias están cooptando también a la población a punta de dinero ilícito y en algunos casos cuentan con apoyo social, lo que les permite influir o presionar resultados en justas electorales.

Como se ve, hay un engranaje de diez poderosas bandas criminales locales, ligadas a carteles colombianos, mexicanos y albaneses. Una especie de ‘sindicato del crimen trasnacional’. Un escenario muy complejo que las autoridades policiales, militares, de inteligencia y judiciales apenas están comenzando a desentramar.

Es claro que entre las causas del incremento en tan poco tiempo de este escenario mafioso en Ecuador está el desplazamiento del negocio del narcotráfico desde Perú y Colombia. Como se sabe, en nuestro país la siembra y producción de la hoja de coca se ha extendido de tal modo, como producto de la decisión de gubernamental de disminuir el combate a los narcocultivos, que los precios de la misma y la cocaína se han caído sustancialmente. También influye la dolarización en Ecuador frente a los altibajos cambiarios en los países vecinos, así como la colaboración de autoridades corruptas locales que facilitan los grandes movimientos de dinero.

Esto también explica la guerra por el control delincuencial de las zonas de puertos. En la actualidad los envíos de coca desde Guayaquil y otras terminales marítimas ecuatorianas se estarían multiplicando. De hecho, últimamente en Europa han caído embarcaciones con bandera del país suramericano, o que hicieron escala en el mismo, transportando cargamentos multimillonarios de narcóticos.

Otra de las mayores preocupaciones es la presencia de carteles mexicanos como el de ‘Sinaloa’, que se distingue por ser muy violento y sanguinario, así como generoso en repartir gruesas sumas de dinero entre sus cómplices. Como se dijo, en algunos casos contratan sicarios colombianos y del cono sur para ejecutar atentados y cobrar cuentas a pandillas y bandas rivales. La provincia amazónica de Sucumbíos, la andina de Pichincha y las regiones costeras de Manabí, Los Ríos, Guayas y Santa Elena son las más afectadas.

De hecho, se estima en los círculos judiciales y policiales que el asesinato del candidato presidencial Fernando Villavicencio, que desafiaba a las mafias locales y extranjeras con francas y categóricas promesas de llevarlas a prisión en un eventual gobierno suyo, tuvo como principal móvil una retaliación de estos criminales. Ese magnicidio impactó a toda la nación en plena recta final de la primera vuelta de los comicios para la sucesión de Guillermo Lasso, quien ha combatido a las organizaciones criminales sin tregua.

La población ecuatoriana está atemorizada. Al aumento de los ataques terroristas se suma que a diario hay atentados, amenazas, extorsiones y revueltas sangrientas en las prisiones, con actos de sevicia nunca antes vistos en ese país. Es de destacar que el presidente Lasso sigue dando la batalla contra el crimen organizado, poniendo en evidencia que solo una respuesta efectiva de la autoridad puede salvar al país.

Por ahora, la gran incógnita es cómo afectará la violencia y el terrorismo el certamen electoral. El candidato de la centroderecha, Daniel Noboa, que lidera las encuestas de cara a la segunda vuelta de octubre, ha insistido en su propuesta de seguridad para hacer frente a este desafío criminal. Sin embargo, la sombra de la violencia sigue extendiéndose.